La historia de México siempre ha estado bañada en estos tres aspectos, el orgullo del mexicano, orgullo fiel y único, orgullo nacionalista, orgullo heredado y de nacimiento. Orgullo que nos ha llevado a ser reconocidos como una gran familia, afamados por nuestro compañerismo y carisma, al mexicano se le reconoce por ser humilde, bondadoso y trabajador.
Por otro lado está la traición, la misma traición que Caín aplicó sobre Abel, esa traición que en contexto mexicano fue clara desde épocas de la independencia, cuando un lugarteniente de Hidalgo traicionó al padre de la patria para entregarlo a las fuerzas que estaban contra la insurgencia. Traición de un colaborador del Cura Morelos que lo aprisionó en La Ciudadela (una prisión de la capital) para ser juzgado ante un juez. Morelos fue degradado y apartado de su facultad para ofrecer el sacrificio de Dios y celebrar misa, a los pocos días sería ejecutado. Traición que alcanzó al criollo Iturbide en su regreso a tierras mexicanas, donde fue apresado por uno de sus antiguos lugartenientes en el puerto Soto (Golfo de México), las ultimas palabras de Iturbide quedarían escritas en sangre: “Muero con honor, no como traidor; no quedará en mis hijos y su posteridad esa mancha; no soy traidor, no … no digo esto lleno de vanidad porque estoy muy distante de tenerla”. Traición del marinero genovés de apellido Picaluga, que por 50.000 pesos invitó a Guerrero a un paseo por su barco, apresándolo y entregándolo a las autoridades competentes, tendiendo de esta manera el desenlace que ya todos conocemos.
Y así podríamos seguir, poder tras poder, insurgente tras insurgente, partido tras partido, presidente tras presidente, desde Hidalgo hasta Colosio.
Historia marcada de sangre, historia de traición, historia de lucha, lucha constante y precisamente entre nosotros, lucha que nos divide y separa, lucha que hoy nos esta costando muy caro.
Orgullo, traición y lucha de poderes, orgullosos todos los insurgentes, políticos y presidentes han desfilado bajo una misma bandera, la bandera del cambio. Un cambio que hasta el día de hoy, seguimos esperando.
México ha aprendido a vivir entre el viejo régimen y el nuevo gobierno, entre la sumisión y la libertad, entre caudillos y conquistadores, entre liberales y conservadores, entre la tradición y la modernidad.
Estimado lector, al igual que siempre, le deseo tenga la mejor de las semanas. Luchemos por México pero sobre todo, luchemos por la unidad, ésta nos llevará a ser un mejor país.
Hoy hablamos del México de ayer y hoy, ¿Mañana de que nos tocará hablar?.
Ricardo Guerra Ayala.
"Si nosotros no lucháramos contra nosotros, la guerra estaría concluida" Miguel Hidalgo.
Felicidades Ricardo por tu excelente artículo. Me atrevería a agregar. Si así hablamos del México del pasado ¿Como hablarán de nosotros los futuros mexicanos? ...en nosotros está.
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